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Uma crónica de António Muñoz Molina sobre a liberdade do romance: «Una novela es la libertad. El acto físico de abrirla es tan simple, tan rotundo, tan cargado de sentidos posibles, como el de abrir una puerta, una puerta de salida y una puerta de entrada. Hasta la tapa del libro parece una puerta que se abre. Salimos de algo y entramos en algo, cruzamos un umbral que se despliega entre nuestras manos, y al principio, como en algunos lugares misteriosos, nos encontramos en la sombra, y sólo gradualmente se acostumbran los ojos a la nueva claridad que irradia del interior del libro. (…)
Pero no siempre logra uno ese estado de encierro gustoso, de inmersión en aguas muy profundas, ese fervor de libertad en el interior de una novela. Tan necesarias como el libro en sí son las circunstancias: muchas páginas y mucho tiempo por delante, sin distracciones, sin estorbos, con un grado de concentración que según nos dicen cada vez es más difícil, pero sin el cual la experiencia integral de la novela no llega a cumplirse. (…)
La libertad de la novela es también nuestra potestad de entrar en ella sin obligaciones ni prejuicios y decidir soberanamente si seguiremos leyendo o la dejaremos al cabo de unas páginas, porque en ese reino privado no obedecemos a nadie ni nos dejamos coaccionar por la opinión de otros que parezcan saber más y ni siquiera por la presión inmensa de lo que parece gustarle a todo el mundo. De nuestras preferencias o rechazos soberanos no tenemos que dar cuenta a nadie. La novela existe para nosotros en ese espacio de intimidad que nos protege tras la puerta cerrada de la lectura. (…)
En el fondo, empezar a leer se parece mucho a empezar a escribir: es encontrar un hilo y seguirlo, escuchar una voz y dejarse hechizar y guiar por ella. (…)
La puerta de la novela da a las latitudes del mundo y a las bóvedas más secretas de la experiencia humana.»

Babelia
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1 comentário

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De Maria Almira Soares a 18.11.2009 às 11:13

Paul Auster, durante um encontro com os seus leitores, em Lisboa, na Culturgest, em 28 de Abril de 2005, interrogando-se sobre as razões de, apesar de tudo, continuarmos a ler, disse, sobre a leitura, que se tratava de «um encontro na intimidade», de «uma experiência profundamente pessoal»: «o romance é o único sítio em que dois desconhecidos se podem encontrar na intimidade (o que não acontece nem com a pintura nem com o cinema...), porque se trata de uma experiência profundamente pessoal, é uma pessoa a ler as palavras de outra, e essa é a beleza da leitura. Cada leitor leva a história da sua própria vida, da sua própria experiência, para o livro».

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